Fulanita tiene problemas. Su educación burguesa y elitista no la preparó jamás para ver rechazado su proyecto de trabajo y quedarse en la calle por tres meses. En esos tres meses, además, se quedó sin novio (y sin palizas) y recurrió a mi oído, vulnerable a las historias tristes. Le presté atención y dinero sin medida. Traté de ayudarla en lo posible para que entienda la complejidad de ese huracán en el que estaba metida, para que mueva el culo y consiga trabajo, pague el alquiler, compre comida y olvide al imbécil de su ex…
Cada anuncio de trabajo, lo recortaba y se lo llevaba: camarera, dependienta, telemarketer… hasta que una noche se burló de mí en plena borrachera, diciéndome “¿tú crees que yo quiero esa mierda de trabajos?”. Así que no le llevé más anuncios. Vino a almorzar y cenar con nosotros durante un mes, hasta que un día comentó “que aburrido comer pasta toda la semana”. Y entonces, dejé de atender el portero los mediodías primero, y las noches después. Otro tanto hicieron mis compañeros de piso, quienes además asistieron incrédulos a la “reconciliación” con el mismo tipo que, tratándola de puta, le había dejado las marcas de los golpes durante un mes. Fulanita no sabe renunciar, que es una manera de decir “NO”.
En fin, al final la única solución para esa parálisis mental que tenía, fué empezar a pasar hambre… y vergüenza, ante el dueño de su piso gritándole por teléfono por los meses de alquiler adeudados. Justo buscaban gente en mi trabajo, y conseguí que, a regañadientes, se presentara a una entrevista en donde la tomaron. Y en cuanto al alquiler, se le ocurrió una idea brillante: invitarme a vivir con ella!!! En un segundo lo ví todo, me ví asumiendo las deudas, conviviendo con sus penas las 24 hs. por día, insome por las noches en que a ella se le da por la bebida hasta el amanecer… y recordé que le había pedido un insignificante favor hacía meses, que ella esquivó y esquivó, hasta darme por vencida (nunca entendí muy bien por qué no pudo echarme un cable, porque nunca me dijo que no, sino “sí… luego”).
Así que, recordando los buenos consejos de Silvana, la sabia, la mandé literalmente a tomar por culo. Esas personas autodestructivas son, además, miserablemente egoístas. Y no dudan en montarte un pollo cuando, por una vez, les dices que NO por pensar en lo que a tí te conviene más. Hay que saber detectarlos, nunca darles segundas oportunidades, y alejarse de ellos. Sin explicaciones, porque sólo les servirían de excusa para tener nuevos argumentos para su pataleo.
Simplemente, un silencioso y firme NO. Y media vuelta!