Roma

Pronto busqué un puntito en el mapa.
Cualquiera hubiera estado bien
pero fué justo
esa ciudad, esa.
Consulté a superiores,
cedí a mis súplicas,
y lancé mi flecha.

Armé cajas que conseguí en la calle
y metí en ellas todas mis huellas.
Acordé una fecha
para dejar las llaves de mis ventanas
en manos de un nuevo dueño
que pudiera abrirlas

Telefoneé a larga distancia,
‘¿pronto?’
Tuve que recitar
números y cifras,
hacer una lista de mis virtudes,
venderlas a muy buen precio
y atar mi cola a un billete de avión.

Tracé una estrategia,
prestando atención
por primera vez en la vida
al tiempo y sus cómplices,
esos extraños amigos:
el espacio, la velocidad, la luz.

Hubo un momento,
un momento de duda digno de toda fé.
Pero me puse una mano en un hombro,
y con la otra me dí palmaditas
Oré de rodillas
frente al altar de maletas,
‘ahí voy’
 
Será un avión
o un tren furioso
un tren muy pesado, enloquecido
que en cada frontera dejará un vagón
y llegará liviano y musical
depositándome con ternura
en mi destino,
a un millón de años luz

……………………..

Todo para escapar
lejos, muy lejos,
para no oír la sentencia,
(no quiero estar aquí
para entonces)
Alejándome
no de tí, sino del momento
fatídico
en que sepas y comprendas,
y confirmes,
que has perdido tu Reino.

Lealtad

Como en el Antiguo Egipto. El Milenario y Sabio Egipto, aquel que mordía las riberas fértiles del Nilo… Borro del Libro de los Muertos el nombre y el rostro del faraón que me ha traicionado. Como dijo mi madre, al enterarse: “verdareramente lamentable… ha perdido tu amistad, no me imagino nada tan triste como esto”

Lamentable. Pero necesario. Para mí, toda una lección.