Dame un Bisturí

Nunca te enamores de un gordo, querida.

Atenta al detalle, estoy diciendo que nunca te ‘enamores’ de un excedido de peso. Puedes, si lo deseas, acostarte con él y follar hasta que no puedas sentarte. O puedes invitarlo a un chino, que eso le encantará seguro y podrás sentirte que eres un pajarillo comiendo, llenándote la boca de grasa del pato con bambú.  Es un verdadero placer comer con alguien que disfruta realmente de una buena mesa. Pero no te enamores.

Enamorarse de un obeso (atenta, también estoy diciendo ‘obeso’, no ‘gordito’, ‘cachetón’, ni ninguno de esos motes, me refiero a un rebosante de papada como Buda) es para sufrir. Ya puedes adorarlo, anticiparte a sus deseos y hasta lamer el suelo por donde camina. Ese gordo no creerá jamás en tus sentimientos. Obvio, piensa que cada mañana luego de ducharse, ese gordo que te vuelve loca no es capaz de aclarar el espejo empañado, porque no puede ver su propio cuerpo reflejado, porque no puede observar sus tetillas caídas, porque no puede verse el sexo, empobrecido y afixiado debajo de su barriga. Piensa que ese gordo ha hecho una larga carrera de la burla: aprendiendo a burlarse de sí mismo, antes que lo hagan los demás. Ha aprendido a detestarse, antes que los demás. Ha expresado todo su asco, antes que los demás.

Y ahora vienes tú, linda, ¿y le quieres hacer borrar con el codo lo escrito con su regordeta manito? ¿Quieres hacerle ver lo inteligente, divertido, espiritual o profundo que te parece? Seguro te divierte su humor ácido y hasta encuentras sexys las cascadas de su cuello. Pues quítate esas románticas ideas de la cabeza, porque en cuanto te quedes babeando delante de esos avisos de Hugo Boss, ese gordo que va a tu lado confirmará que tú no lo quieres y no lo has querido nunca. Y encontrará un millón de otras razones rastreras para explicar tu presencia en tantas cenas en los chinos.

Mi consejo es que pases de él. Sin anestesia. No, no te empeñes en cambiar nada, porque no tiene arreglo. Un hombre cualquiera tiene muchas maneras de romperte el corazón, pero un hombre feo tiene la peor de todas: te convierte en su propia fealdad. Al menos uno guapo te deja bellos recuerdos cargados de su presencia. Al final dirás. ‘joder, que bueno estaba…’

Uno normalito te deja tardes pacíficas y bromas cursis. Podrás reírte y decir: ‘lo que me he reído con fulano…’

Pero uno feo sólo puede dejarte heridas. Y el amargo comentario: ‘yo lo quería, y él nunca me creyó…’

Haz algo mejor con tu tiempo. Cómprate zapatos de tacón, depílate, maquíllate a tu gusto (cosa que no podrás hacer junto a un gordo, no les gusta que vayas muy guapa), usa minifalda y enróllate con ese tonto tan guapo que te encuentras siempre en el metro.

De nada, guapa.

Sexo de Lujo

‘Esa tía es una prosti de lujo’, fué su comentario de introducción. Y el muy cerdo dejaba escapar su admiración por las barandillas de sus pestañas. Miré a la morenaza, colombiana, que se alejaba de nosotros envuelta en perfume, joyas, tacones.

‘Se va un fin de semana a Mónaco, a ver en primera fila el premio de la fórmula uno’.

‘¿Y que tiene que hacer a cambio?’

‘Pues chupársela al viejo que le pagará los 3.000 euros por los dos días de su compañía… (la miré subiéndose al taxi y le tuve pena) No pongas esa cara, seguro que te gustaría que te paguen eso por una mamada’

‘Pues no, fíjate’

‘¿Ah, no?

‘No’

‘¿Segura?’

‘Segura’

‘ ¿Tres mil euros por pasar un fin de semana en un hotel de lujo?…’

‘No’

‘¿Viendo la Fórmula Uno de cerca?…’

‘No’

‘¿En Mónaco?’

‘No’

‘¿Por qué no?

‘Porque no se la chuparía a ningún viejo por 3.000 euros… no me acuesto contigo por un trago…’

‘Venga ya… ¿No lo harías por ese dinero? ¿Que sería mejor?’

‘No lo haría por ese dinero ni por nada…’

‘No podrías mejorar esa oferta…’ 

 ’…Porque lo mejor sería ser yo la persona capaz de pagarse un hotel, un puesto en primera fila para ver la fórmula uno en Mónaco y el escort de 20 añitos, bronceado y que me la chupe por 3.000 euros… ¿Ves? Puedo mejorarlo…’

Lealtad

Como en el Antiguo Egipto. El Milenario y Sabio Egipto, aquel que mordía las riberas fértiles del Nilo… Borro del Libro de los Muertos el nombre y el rostro del faraón que me ha traicionado. Como dijo mi madre, al enterarse: “verdareramente lamentable… ha perdido tu amistad, no me imagino nada tan triste como esto”

Lamentable. Pero necesario. Para mí, toda una lección.

Verdad o Consecuencia

Háblame de realidad.

Pero, si no puedes

encontrar poesía en la verdad,

entonces,

no hables.

Hombre Pequeñito

“Como no tengo la polla grande, buscaré tener el coche grande. Y sino… el móvil grande! Y sino… el ego grande! Y sino…”

Hombre pequeñito… ¿por qué no pruebas a sentir algo grande, para variar?